Una nueva serie, una historia que continúa: comenzamos el libro de Hechos
Pastor Tomás Portillo | Domingo, 7 de junio | Hechos 1:1-11 (RVR1960)
Este domingo, en Cornerstone Español, comenzamos una nueva serie de ocho semanas a través del libro de Hechos — la historia de una iglesia llena del Espíritu Santo. El pastor Tomás abrió la Palabra en Hechos 1:1-11 y nos llevó, paso a paso, al momento exacto donde todo comienza.
¿Quién escribió Hechos, y por qué importa?
El pastor Tomás nos recordó que Lucas, el autor del Evangelio que lleva su nombre, también escribió Hechos como una continuación de esa misma historia — dirigida a Teófilo, "para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido." Lucas no escribió de oídas: investigó con diligencia, entrevistó a testigos, y registró todo con el cuidado de alguien que ama la verdad. Por eso, dijo el pastor, lo que leemos en Hechos no son tradiciones ni leyendas — es historia confiable, escrita por alguien que caminó junto a los apóstoles.
El comienzo de todo
Leyendo Hechos 1:1-11, el pastor Tomás nos mostró cómo Jesús, después de su resurrección, se presentó vivo "con muchas pruebas indubitables" durante cuarenta días, hablando del reino de Dios y dejando una promesa: que recibirían poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo, y que serían testigos "en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."
"Qué hermoso es el libro de Hechos aún para nosotros," dijo el pastor, "porque ahí vemos el principio de cómo se establece la iglesia... y nosotros somos parte de esa historia."
Lo que de verdad necesitamos
Con honestidad pastoral, el pastor Tomás nos recordó que lo que sostiene a la iglesia no son las alabanzas perfectas ni los detalles técnicos — es el Espíritu de Dios. "Todo nos puede faltar en la iglesia," dijo, "pero lo que no nos puede faltar es el Espíritu de Dios." Y añadió algo que nos invita a examinar nuestro propio corazón: si alguna vez sentimos que "no se siente el Espíritu" en un servicio, tal vez la pregunta no es qué falta en la iglesia, sino si venimos con el corazón abierto, dispuestos a escuchar la Palabra de Dios.
Cerró recordándonos por qué esto importa tanto: "¿Qué vamos a predicar en la iglesia de Dios si no es la Palabra de Dios? Si es sensacionalismo o sentimentalismo lo que estamos predicando, no estamos predicando la Palabra de Dios — estamos predicando emociones."
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Referencia bíblica: Hechos 1:1-11 (RVR1960)
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